Son numerosas las representaciones que se han hecho del agua en el mundo del arte, como lo son concretamente las piscinas, pero quizá, el caso más relevante que se nos viene a la mente cuando pensamos en ellas son las del artista inglés David Hockney.

 

El significado que les da Hockney era muy diferente al que le asigna en esta exposición Eva Mauricio. Ella, tras varios años de pausa artística dedicada a sus dos hijos, retoma su gran trayectoria profesional con esta elección en su temática inspirada en ellos. Qué mejor manera que centrar su vuelta a las exposiciones homenajeando al motivo de su paréntesis. Obras en las que omite títulos para que podamos reinterpretarlas a nuestro antojo, donde la simbología del agua puede ser tratada de diversas formas, pero cuyo trato estilístico a través de diversas técnicas nos hace entrever la capacidad de Mauricio para representar los recursos pictóricos de reflejos y trasparencias.

Gran elaboración en obras que representan instantes que sólo duran un segundo, ya que el agua no volverá a estar así jamás, igual que esa inocencia en la niñez en la que se disfruta de cada instante, que tampoco se volverá a repetir. A pesar de aparecer siempre un personaje protagonista, son obras complejas en las que cuesta decidir dónde centrar el punto de atención, ya que en el agua puede mirarse el reflejo, la superficie, o mirar a través de ella. Nos trasladamos gracias a los óleos y lápices de colores de E. Mauricio a esos días de piscina de nuestra infancia, cuando el tiempo no era tiempo, los días no se medían por horas, sólo existía el rato de hacer la digestión para poder seguir disfrutando del día. Si miramos fijamente las obras que componen esta exposición, podremos notar ese agua, el sol en nuestra piel, y hasta el olor del protector solar.

 

Sofía Martínez Hernández.

Crítica de arte.