Antonio Pérez

ÁNIMA                                   23-10 / 11-11-20

ANTONIO PÉREZ              Galería El Punto Rojo

Contrario a la opinión de algunos colegas que piensan que la pintura debe ser realista, pulcra y distante del exceso de emoción, superficie de la enajenación o de la pose relamida; yo creo, muy distinto de ello, que debería ser espacio de fruición y escenario del exorcismo voraz. Tal vez por ello me gusta tanto la obra de Antonio Pérez. Su pintura es la traducción metafórica de un grito, la afirmación de un yo que habita en el dolor y en la sombra. Descubro en sus superficies una suerte de radiografía de muchos de mis días, de los días y horas de una gran mayoría. Esos en los que traspaso los límites de mi propia voluntad y el umbral predecible de mi resistencia para entregarme al deseo de morir, a la cancelación, al término. El relato pictórico de Antonio se aventura sobre ese paisaje existencial y existencialista de una realidad que constantemente nos rebasa, un instante en el que somos rebasados por nuestra animal-humanidad. Su paleta me roza, me hiere, me habla. Advierto en ella la elocuencia de un decir que no responde a la tiranía del gusto colectivo ni a la “necesidad de gustar” a todos. Nunca antes una relación de sentido se me hubiese antojado tan deseable y oportuna, tan eficaz. A ratos, o casi siempre, no somos más que entidades autómatas o instrumentos manejables desde una fuerza presuntamente superior. Antonio, parece indicar su obra, escruta en esos procesos de restitución y de caída. Examina la vida como el tránsito de todas las emociones, como el ámbito enfático que, con ayuda de la metáfora, se convierte en “puro teatro”. Acaso no somos todos personajes delirantes de esa narración, espectros criminales de nuestra sombra proyectada en el espejo de la más cruda frustración. Sí, sí que lo somos. De ahí el valor de su pintura, su estatura descriptiva, su vértigo consumado. No conozco a Antonio, no he tenido esa suerte. Pero no creo equivocarme al presentirle como una amenaza noble, una subjetividad curtida, un artista más allá de las reglas.

 

Madrid, octubre de lluvia y de melancolía.

 

Andrés Isaac Santana

Crítico de Arte y curador.

 


 
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